lfa & Omega, 26/02/07 - Ocurrió el 22 de junio de 2004. Durante las obras de restauración de la capilla mayor de la catedral de Valencia, los técnicos hicieron un agujero en el yeso de su bóveda barroca. A través de él, observaron que, debajo, tras un espacio de algo menos de un metro, había otra bóveda, cubierta con frescos. Lo poco que se podía ver por el agujero era, según quienes lo vieron por primera vez, impresionante.
El hallazgo de estas pinturas, de las primeras renacentistas encontradas fuera de Italia, no pillaba por sorpresa.
La elaboración del fresco de ángeles músicos estaba perfectamente documentada, pues existe el contrato original que firmaron, en 1472, el Cabildo catedralicio, Paolo de San Leocadio y Francesco Pagano, los dos pintores italianos que el cardenal Rodrigo de Borja -que más tarde se convertiría en el Papa Alejandro VI- trajo de Roma a la ciudad del Turia, que vivía un momento de gran esplendor y era una de las más pobladas de Europa. Hasta ahora se había creído que los frescos habían desaparecido durante la renovación de la capilla mayor de la catedral, entre 1674 y 1682. El Barroco estaba imbuido del espíritu del Concilio de Trento, y con el arte se perseguía una finalidad mucho más pedagógica que en los siglos precedentes.
Al observar que la bóveda barroca era cerca de un metro más pequeña que la original, se empezó a especular con la posibilidad de que los frescos se hubieran conservado, y entre los objetivos de la restauración estaba el verificar esta posibilidad. La fundación Luz de las Imágenes ha sido la responsable de la restauración, que se interrumpió en verano para que el Papa Benedicto XVI pudiera visitar la capilla durante su visita a Valencia para clausurar el V Encuentro Mundial de las Familias. Finalmente, la capilla fue bendecida por el arzobispo de Valencia, monseñor García Gasco, el pasado 8 de febrero.
La bóveda ofrece una representación grandiosa, sobre fondo azul con estrellas doradas, de doce ángeles de un colorido muy vivo que tocan distintos instrumentos de la época. Otros elementos, como una figura de la Virgen, una Última Cena y un Pantocrátor, que también decoraban la capilla, sí se perdieron. A pesar de que los frescos están diseñados para verse de lejos, pues están en la bóveda, eso no hace que pierdan el más mínimo detalle. La razón de esto está en la mentalidad renacentista, muy perfeccionista y que, además, estaba convencida de que Dios ve los detalles que el ojo humano no alcanza.