lfa & Omega, 06/02/07 - La pregunta ha asaltado en algún momento a casi todos los que vivimos nuestra fe en el siglo: ¿Y cómo se vive entre las paredes de un monasterio de clausura? ¿Qué hay detrás de las rejas y del torno? En la Sala de exposiciones temporales de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, se han puesto rejas para recibir al visitante y dirigir su recorrido por la exposición Clausuras , con la intención, dentro de lo posible, de recrear el ambiente de la clausura, y trasladar al visitante a ese otro mundo que, muchas veces, se abre a nuestro lado.
La mayoría de las 57 piezas que se reúnen en esta muestra no han salido nunca de los monasterios a los que fueron donadas, o para los que se realizaron, y no han sido cuidadas por conservadores y restauradores, sino por las propias monjas. Y ello, a pesar de que muchas de ellas son de algunos de los mejores autores del Barroco, como Rubens, Pedro de Mena, o Churriguera. La enorme proliferación de los monasterios en el Madrid del Barroco, y la necesidad de decorarlos y dotarlos de arte religioso, atrajo a esta ciudad a un gran número de artistas que contribuyeron a crear un estilo común, en una época de gran esplendor artístico.
Arte para la contemplación
¿Son estas piezas obras de arte frustradas, al no poder ser admiradas por el gran público? ¿Es esto lo que quiere subsanar la exposición? Todo lo contrario. Pocas obras de arte religioso cumplen mejor su función de ayudar al hombre en su camino hacia Dios. Desde todos los rincones de los monasterios, sirven de cauces a la devoción y al amor, e invitan a elevar las mentes y los corazones de las monjas a Aquel que es razón de su exigente estilo de vida. Las imágenes y cuadros grandes de las capillas, salas comunes y coros; las medianas que decoran tantos pasillos, y las más pequeñas y sencillas, que forman parte de la austera decoración de las celdas, forman el escenario silencioso donde se desarrollan estas vidas dedicadas a la oración y al trabajo.
Los motivos más frecuentes en estas obras dedicadas a ayudar a la contemplación son los principales misterios de la vida de Jesucristo, en especial su muerte y resurrección; pero también los relacionados con su infancia. Estos últimos, además de apelar a la ternura de las monjas, como es el caso de algún Niño Jesús dormido, al que incluso se le puede cambiar la ropita, suelen incluir también a san José, a quien, en el Barroco, se empieza a representar como un joven, no un anciano, y que era considerado el máximo ejemplo de las tres virtudes de pobreza, castidad y obediencia.
Dentro de los claustros se pueden encontrar también muchas representaciones de los fundadores de las distintas Órdenes, seguramente destinadas a recordar los principios fundacionales a cuyo servicio las religiosas de clausura han dedicado su vida. Así, san Benito, san Francisco y santa Clara de Asís comparten sitio con reformadores igual de grandes, como san Bernardo, santa Teresa de Jesús o san Pedro de Alcántara. Junto a ellos se encuentran también algunos cuadros de hermanas que, en otros tiempos, han compartido la vocación y la forma de vida, y cuyas miradas reflejan la plenitud de la vida contemplativa.
La riqueza de muchas de las obras de arte contrasta con la sencillez de los objetos de uso personal de las monjas. Los materiales preciosos de los objetos de culto, como cálices, o incensarios, no tienen nada que ver con la austera cerámica de Talavera de las jarras, pilas de agua bendita y lebrillos. Junto a unos y otros, se pueden observar también otros objetos de la vida diaria de las monjas: los baúles, las antiguas prensadoras de ropa,una original tabla para contar la ropa que cada religiosa dejaba en la lavandería... Lo más sagrado, junto a lo más corriente; pero todo impregnado de Dios.
María Martínez López
Clausura en la gran ciudad :
En Madrid vivimos la clausura como en cualquier otro pueblo. Nuestra labor no está circunscrita a un lugar, sino al mundo entero. Nuestra Orden nació para el rescate de los cautivos cristianos. Hoy enfocamos nuestra oración a quienes están en las cárceles, en la droga, y para sacar al mundo de todas las esclavitudes del alma. Rezamos por los desheredados, los que cuentan menos o viven cualquier otra forma de esclavitud. Para eso, Madrid no nos estorba, al contrario. Estamos en pleno corazón de la movida, y cuando la oímos, nos impulsa a esforzarnos más para rezar por la juventud, que muchas veces está muy desorientada. Pedimos mucho por la Misión Joven, de Madrid, porque si ganamos la juventud, ganamos el futuro.
Además, a la iglesia vienen muchos turistas, y también mucha gente a nuestras misas; y, sin decir nada, podemos dar testimonio. Cuando salimos ahí fuera, al médico o a hacer compras especiales, veo en la gente mucha frialdad e indiferencia en las relaciones entre las personas. La gente va a lo suyo, y a nosotras, acostumbradas a nuestra vida en el monasterio, nos choca. Por eso intentamos saludar siempre a quienes nos encontramos.
Sor Amada de Jesús
Madre Superiora del monasterio de San Ildefonso (monjas trinitarias)