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Alfa & Omega, 08/05/08 - Como todos los años, cuando se acerca el 26 de abril, Palencia organiza, el sábado más cercano a esta fecha, una pequeña peregrinación desde la ciudad hasta el monasterio de San Isidoro de Dueñas, donde vivió y murió el Beato Rafael, para conmemorar el aniversario de su muerte.
En esta ocasión, el día 26 era un sábado, y precisamente se cumplía el 70 aniversario del fallecimiento del Beato. Por todo ello, unos trescientos jóvenes partieron desde la plaza de la catedral, a las 10 de la mañana, acompañados por el obispo, monseñor José Ignacio Munilla, y numerosos sacerdotes, hacia el convento, en una peregrinación de unos 14 kilómetros. Tras un descanso en Villamuriel de Cerrato, los jóvenes llegaron a la abadía de San Isidoro de Dueñas, en la localidad de Venta de Baños, al mediodía. Allí se juntaron con otras trescientas personas, algunas venidas desde otros puntos de España.
Un momento de la peregrinación :
hasta el monasterio palentino de La Trapa A lo largo del día, se compartió una comida fraterna, y tuvo lugar una celebración comunitaria de la Penitencia, en la que también intervinieron los padres trapenses. A las 5 se celebró la Eucaristía, presidida por el señor obispo, y concelebrada por los sacerdotes que habían acompañado la peregrinación. Fue precisamente durante la homilía, cuando monseñor Munilla manifestó su alegría por la noticia de la aprobación, por parte de la Comisión de médicos, del segundo milagro atribuido al Beato Rafael. Aunque todavía, tras este paso, se necesitan varias aprobaciones más, por parte de una comisión de teólogos del Vaticano, o del propio Papa, no cabe duda de que la canonización está cada vez más cerca, aunque es imposible predecir una fecha. Sí es importante aclarar que monseñor Munilla no anunció la canonización en sí del Beato Rafael, sino tan sólo la aprobación del segundo milagro, ciertamente importante para la canonización. Este milagro tuvo lugar en Madrid, en el año 2000, y consistió en la curación de una madre que, tras dar a luz a su hijo, entró en muerte cerebral. Su repentina curación se atribuye a la intercesión del Beato trapense.
El Beato Rafael Arnáiz, nacido en Burgos y criado en Asturias, no tuvo una larga vida. Tras cursar estudios de arquitectura, entró con 23 años, en 1934, en el convento cisterciense de San Isidoro de Dueñas, en Palencia, conocido como La Trapa. Sus escritos son muy conocidos, y su sencillez y su humildad, al mismo tiempo que su férrea fe ante la enfermedad y el dolor, han dado la vuelta al mundo. A los cuatro meses de ingresar en el convento, le fue diagnosticada una diabetes sacarina que le obligó a salir del convento en tres ocasiones, volviendo otras tantas a él. Fray Rafael, beatificado en 1992 por Juan Pablo II, sentía que moriría trapense, y así sucedió, cuatro años más tarde, en 1938.
A. Llamas Palacios
José Jiménez Lozano:
Algunos escritos del Beato
«Hoy he salido de casa cuando empezaba a anochecer. Atravesé las calles principales de la ciudad, y un poco aturdido del barullo del gentío, de los coches y de las luces, me dirigí donde mi espíritu necesitaba, a la casa de Dios. Ésta estaba casi desierta; una beata mascullaba oraciones delante de un altar mal alumbrado; otro grupo de mujeres cuchicheaba, junto a un confesionario, y el Señor, Dios de la creación, el juez de vivos y muertos, estaba en el Sagrario olvidado de los hombres… En la paz y en el silencio del templo, mi alma se abandonaba a Dios. Veía pasar por delante de mí todas las miserias y todas las desgracias de los hombres, sus odios y sus luchas, y pensaba que si este Dios que se oculta en un poco de pan no estuviera tan abandonado, los hombres serían más felices, pero no quieren serlo».
«Las primeras palabras que me dijo el hermano portero cuando entré en la hospedería (de la Trapa) fueron: Y ahora a no apurarse, y cualquier cosa que le ocurra, dígaselo a la Virgen María, pues a mí, en veintitantos años que llevo de trapense, nunca me negó nada. Y aquel hombre lo decía con una unción y una fe tan grande cuando hablaba de la Señora, que desde el primer día, efectivamente, a mí no me negó nada. A mí me parece, y esto tomadlo como cosa mía, y por tanto, no lo tengáis en cuenta, que cuanto más amor se le tiene a la Virgen, sin que nosotros nos demos cuenta, más amor tenemos a Dios».