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«La Adoración es un abrazo con Jesús, en el que le digo: Yo soy tuyo y te pido que tú también estés siempre conmigo»: así le explicaba Benedicto XVI a un niño lo que es la adoración eucarística. Y los niños lo entienden muy bien. Después del Congreso Eucarístico Nacional celebrado en Toledo, en el año 2010, la Hermana Mercedes Mayordomo, de las Franciscanas Misioneras de María, los sacerdotes don José Luis Martínez y don Diego Mingo, junto al laico don David Jiménez, iniciaron una experiencia de adoración eucarística de los niños, que tiene lugar los primeros viernes de mes en la capilla de las Franciscanas Misioneras de María, en Burgos (calle San Pablo 35). Todo surgió después de ver, en el Congreso de Toledo, a 1.200 niños en Adoración en la catedral primada: «Esa experiencia nos confirmó que los niños tienen sed del Absoluto».
«En nuestra sociedad secularizada puede parecer un despropósito acercar a los niños a la adoración eucarística -reconocen-. Por eso, en muchas ocasiones, hemos considerado la adoración eucarística como exclusiva de los adultos. Nos resulta complicado explicar a los pequeños que, en esa forma blanca, está la presencia sacramental y real de Jesús». Sin embargo, «hemos palpado reiteradamente que el niño es un contemplativo por excelencia. No es que lo crea todo, y ya está, sino que, desde el día de su Bautismo, posee un corazón sencillo y habitado por la presencia trinitaria: basta que le acerquemos a la fuente para que beba y el Señor apague esa sed de profundizar en su fe, incluso a una edad temprana».
Niños, contemplativos por excelencia
Gracias a su experiencia de Adoración con niños, desmontan el tópico de que los niños son demasiado pequeños, que no entienden todavía, que no conviene dar pasos forzados... «Son cosas que decimos cuando no nos queremos comprometer, pero todo eso es mentira de adulto, pues la realidad del Espíritu Santo no es ésa», explican. Más bien al contrario, «el niño debe crecer y llegar a ser adulto en todo, en lo físico, en lo intelectual y en lo espiritual; si no, será una persona incompleta. Hay experiencias constatadas de la necesidad del niño de vivir esta dimensión transcendente. La edad no es impedimento».
A los niños los traen sus padres y también algunos catequistas. Incluso hay una catequista que acude en autobús, con 6 ó 7 niños, desde su parroquia, a cinco kilómetros de la ciudad. Primero tienen un rato en el que los niños preparan los cantos y se les explica qué es lo que van a hacer después. Luego, entran en la capilla, tienen un tiempo de oración y después el sacerdote les imparte la bendición con el Santísimo en la custodia.
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Es sorprendente ver a más de treinta niños, de diversas edades, en silencio y participando con recogimiento en la Adoración», reconocen los responsables. «Sus rostros quedan como transfigurados, cuando el sacerdote los bendice con Jesús sacramentado, o cuando se acercan ante Jesús hasta la custodia y, sin ningún complejo y con la máxima naturalidad, dicen: Jesús, aquí estoy, haz de mí lo que quieras.
Eso sí, cuando salen de la capilla, vuelven a ser los niños de siempre. Como el día que realizamos una procesión eucarística por el jardín: en las diferentes paradas, las mamás proclamaban textos bíblicos escogidos para ese momento, pero los más pequeños solo deseaban conseguir pétalos de rosa para Jesús».
Primero, Dios; luego, todo lo demás
También los padres están implicados en la oración de sus hijos. «No se trata de llevarlos a la Adoración sin más -explican los responsables de esta iniciativa-. Es preciso implicar a los padres, para que se formen y sepan acompañar y alentar la vida de fe de sus hijos, al igual que alentaron su vida natural». Una de esas madres es Inmaculada Sancho, madre de dos pequeños, de 6 y 9 años, quien manifiesta su sorpresa porque, «en una sociedad descristianizada, estos niños van a la Adoración..., ¡y quieren volver! La liturgia es muy bonita; especialmente, la bendición con el Santísimo les impresiona y les encanta. Hay niños muy traviesos que se quedan quietos, impresionados. Los niños viven la religión como algo alegre, y por eso les va llegando todo».
Para leer el texto completo : http://www.alfayomega.es/Revista/2012/776/01_enportada1.php