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Alfa & Omega, 07/07/08 - Las relaciones de la Iglesia ortodoxa rusa con la Iglesia católica han sido históricamente las más conflictivas en el proceso de unidad de los cristianos. Sin embargo, en los tres años de pontificado de Benedicto XVI, la situación ha dado un giro copernicano. Hoy, Moscú y Roma están más cerca que nunca, y el mismo Patriarca ruso, Alejo II, expresa su apoyo a una «alianza estratégica con los católicos». Tras años de tensiones, el actual pastor de la Iglesia moscovita, monseñor Paolo Pezzi, quien el pasado domingo, fiesta de San Pedro y San Pablo, recibió en Roma, de manos de Benedicto XVI, el palio arzobispal, disecciona para Alfa y Omega la esperanzadora situación de los católicos en el corazón de la antigua URSS. Aunque aún queden obstáculos por vencer
Monseñor Paolo Pezzi, en un encuentro con Benedicto XVI
en la plaza de San Pedro, el pasado mes de septiembre El mensaje del Papa al pueblo de Rusia, la traducción de la encíclica Spe salvi al ruso, el viaje de los cardenales Bertone y Kasper a Rusia... ¿Estamos viviendo un acercamiento histórico entre la Santa Sede y la Iglesia ortodoxa rusa?
Estamos viviendo un momento histórico no tanto porque esté sucediendo algo particularmente sensacional, sino porque se está iniciando, o mejor, se ha iniciado ya, una relación entre personas que quieren colaborar, primero, para dar un testimonio común del cristianismo en medio del mundo y de la sociedad; y, segundo, con vistas a una comunión que es muy deseada.
Y esto ¿qué significa para la Iglesia católica en Rusia?
Significa dos cosas. La primera, gratitud, porque nos sabemos protagonistas de este acercamiento, de este diálogo, de este encuentro entre amigos. En segundo lugar, nos supone un reto positivo, un desafío, una provocación para vivir nosotros mismos el deseo de la unidad, justamente por el bien del testimonio que podamos dar. Hace falta tener el coraje de cambiar incluso nuestras posiciones en el modo de afrontar el diálogo. No podemos negar que hemos vivido dificultades e incomprensiones. Más bien debemos tener una perspectiva que nos permita abrazar hasta las dificultades.
¿Qué visión tienen de Benedicto XVI los ortodoxos rusos?
Su percepción sobre el Santo Padre es de una profunda estima, iniciada ya cuando era cardenal. Es una estima vinculada a su clara doctrina, porque una concepción clara del cristianismo y de la Iglesia ayuda en el diálogo y en las relaciones. Favorece no ser ambiguos. Quizá podamos no estar de acuerdo, pero no somos ambiguos. También influye en esa estima la fidelidad del Papa a la tradición más viva, más verdadera y más auténtica de la Iglesia unida, sobre todo a las tradiciones del primer milenio, aunque eso no significa, en absoluto, tradicionalismo, en sentido peyorativo. Por eso, el papel del Papa es muy importante en el proceso ecuménico. Y también, porque él no ha escondido que hace falta desear la comunión, que hace falta un sacrificio necesario para salvar los obstáculos hacia la comunión.
Moscú ha tenido fama de ser el Patriarcado que más dificultades crea en el diálogo con Roma. ¿Se ha terminado ya esa etapa?
No sé si corresponde a la realidad que sea el más difícil en el diálogo con Roma. Es verdad que han existido dificultades, sobre todo ligadas a incomprensiones. Pero esa etapa se está superando. Hoy hay una gran sinceridad en la relación, y también una atención especial para no negar las dificultades que tenemos. La tendencia es a tener una relación más clara y con más diálogo.
¿Por qué a los católicos que evangelizan en Rusia se les acusa de proselitismo?
La obra de evangelización nunca es una obra de proselitismo y sería una equivocación considerarlo así. La Iglesia es misionera. Suelo decir que el proselitismo comienza donde termina la misión. ¿Y cuándo está equivocado el proselitismo? Pues cuando, so capa de misionero, su preocupación es que aumenten los miembros del propio grupo, y así lleva a cabo una acción indiscriminada. Es decir, que no es el anuncio de Cristo, ni una propuesta al hombre, sino que se convierte en una mera preocupación ideológica. Lo primero que hay que evitar es considerar al otro como un enemigo y, por consiguiente, que quien pertenece a la otra Iglesia tenga que ser, antes o después, y por fuerza, un desviado. Lo importante es que lo religioso no se convierta en ideología. Sobre todo, hay que tener un profundo respeto a la fe allí donde existe. Entre otras cosas, porque cuando hay fe verdadera, no hay que tener miedo.
Desde la Iglesia ortodoxa rusa se ha afirmado la necesidad de una alianza estratégica con los católicos. ¿Se han puesto en marcha acciones conjuntas?
El principal cambio en la relación entre la Iglesia católica y la ortodoxa lo constituye el deseo real y profundo de actuar juntos, conocernos, mirarnos a la cara y tener una preocupación común por los fieles. Me conmovió mucho que, cuando me encontré con el Patriarca Alejo II, me dijo: «Tenemos un rebaño común del que debemos ocuparnos y no preocuparnos». Creo que éste es el principal camino. Están surgiendo relaciones entre sacerdotes católicos y ortodoxos con el deseo de profundizar en la concepción de Iglesia, el anuncio cristiano y la ilusión por transmitir este anuncio a la gente. Esto, a través de un diálogo que no esconde las diferencias.
¿Cuáles son las principales diferencias entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa?
Las diferencias más significativas entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa en su conjunto, no sólo la rusa, afectan a la concepción de la Iglesia y del valor que en ella tiene el Papa. Hace falta distinguir las distintas concepciones que se refieren a la idea de comunión, en la que el principio de autoridad es intrínseco y necesario a la Iglesia. El problema consiste en la mirada con la que se afrontan las diferencias. También hay diferencias desde el punto de vista litúrgico y doctrinal, pero éstas suponen, más bien, un gran enriquecimiento, a la hora de concebir y de vivir en la Iglesia.
En el Documento de Rávena, los diferentes Patriarcas ortodoxos reconocen al obispo de Roma como primero entre los obispos. ¿Veremos en las próximas décadas un reconocimiento del Primado de Pedro y el final de las divisiones entre católicos y ortodoxos?
Sólo Dios rige esos tiempos. Mientras, hay que rezar y trabajar para llegar a una plena comunión. La comunión de católicos y ortodoxos es posible, pero difícilmente se podrá alcanzar si no es con todas las Iglesias ortodoxas. Es muy estimulante la posición de la Iglesia católica, que trata de llevar adelante el diálogo y favorecer el entusiasmo también entre las Iglesias ortodoxas, en las que el no tener un punto de referencia constituye, cuando menos, un interrogante. Es importante que el Documento haya abordado esta cuestión; ya veremos en qué tiempos, con qué posibilidades y a qué conclusiones se llega. Pero haberlo incluido, ya es significativo.
¿Será recordado el Papa Benedicto XVI como el Papa ecuménico?
No sé si como el Papa ecuménico, pero sí ciertamente como Papa ecuménico.
El Concilio Vaticano II, los dos últimos Papas… todos insisten en la necesidad de orar para alcanzar la unidad. ¿Por qué es tan importante ser uno?
Porque el corazón del hombre tiende a la unidad. Sin la unidad, el hombre se siente dividido. Tanto más cuando esta unidad la da Dios haciéndose hombre. Lo que caracteriza toda la historia del hombre es la tendencia a vivir en común. Y un último motivo es que Dios ha hecho depender el testimonio más vivo y transparente de lo que es el corazón de Cristo -y por eso el corazón de Dios- de la unidad de aquellos que Le reconocen.
¿Cómo se ve desde Rusia la Iglesia en España?
He notado dos impresiones: la tendencia a realizar una deformación histórica que liga la Iglesia española con la Inquisición, como algo retrógrado, malo, diabólico; pero, por otra parte, está también la fidelidad de España a la tradición del cristianismo.
¿Desea añadir algo más?
Sólo una última cosa. Aquí hay sacerdotes y religiosas españoles. Me impresiona positivamente en nuestra Iglesia la multiforme presencia de distintas nacionalidades y tradiciones. Lo veo como una gran riqueza. La forma humilde que tenemos como Iglesia se comprueba también en la difusión del cristianismo fuera de las propias fronteras. Aun con miradas diferentes, nuestro diálogo es siempre enriquecedor, y en él prevalece siempre la perspectiva unitaria.
José Antonio Méndez
Imágen : Monseñor Paolo Pezzi, en un encuentro con Benedicto XVI en la plaza de San Pedro, el pasado mes de septiembre.