!--ned//-->
Alfa & Omega, 16/04/08 - Coca Cola ha publicado un informe en el que se aventuran las claves de la felicidad. Resulta que las personas que se consideran más felices están casados y tienen hijos. Pero John Carlin, en El País Semanal, no está de acuerdo; en un reportaje sobre Islandia lo declara el mejor país del mundo para vivir, por tres razones: es el país con el índice de natalidad más elevado de Europa, el que tiene la mayor tasa de divorcios, y aquel en el que el mayor número de mujeres trabaja fuera de casa. Sorprende que, en los asuntos del corazón, el divorcio se siga considerando un índice de bienestar. En esta sociedad de cada vez más solos, el psiquiatra don Luis Rojas Marcos afirma, a El País, que «la calidad de vida es la calidad de las relaciones que uno tiene. Las personas que no pueden relacionarse son las que más sufren». José María Contreras, en La Gaceta, apuesta por el matrimonio en su artículo sobre la violencia doméstica: «Nunca los sentimientos han podido ser regulados por leyes. La mezcla de ira, venganza y obsesión hace que las soluciones haya que tomarlas antes. Hay que prevenir. La solución al problema viene por el campo de la educación; y otra manera de afrontar el problema es potenciando el matrimonio. Las estadísticas de 2006 indican que se produjo un asesinato por cada 300.000 matrimonios, mientras que en el caso de las parejas de hecho fue de uno por cada 50.000 parejas». Revelador.
Los costes del divorcio son múltiples, y afectan a las personas a todos los niveles, desde el económico hasta el afectivo. Escribe John Flynn para la agencia Zenit: «Un informe de la Comisión de Conferencias Episcopales de Europa (COMECE) mantiene que la ruptura de la vida familiar da como resultado altos costes sociales y económicos para la sociedad y los Gobiernos. La ruptura de los matrimonios es, en muchos casos, un desastre psicológico y moral para ambas partes, y los niños implicados suelen sufrir experiencias traumáticas, advertía el informe. De 1980 a 2005 el número de divorcios ha aumentado en más de un 50%, según el documento. Y sólo en los últimos 15 años ha habido más de 13,5 millones de divorcios, que han afectado a más de 21 millones de niños. Los hijos que viven sólo con un padre o con una madre corren un riesgo mayor de pobreza, observaba el informe. Por eso, reducir el número de divorcios ayudaría a reducir este riesgo para los niños». Y hace una serie de propuestas, desde una mejor preparación al matrimonio, a un mayor apoyo de las instituciones educativas y empresas a las pareja, pasando por el apoyo económico para que las parejas jóvenes encuentren un hogar».
Al final, las cosas caen por su propio peso. Zenit recoge estas palabras de Rafael Navarro Valls: «Tanto los estudios más recientes del CIS como los estudios de valores o de juventud asignan a la familia la máxima importancia en la vida, por encima de los amigos, el trabajo o la competencia profesional. En una valoración de 1 a 10, la familia basada en el matrimonio y con hijos de ambos cónyuges alcanza más de un 9 de puntuación, siendo el más próximo al modelo ideal de familia».
Otro aspecto que influye en la felicidad y en la familia es el del trabajo. La amenaza de la liberalización de horarios comerciales en la Comunidad de Madrid hace planear serias dudas sobre la conciliación laboral y familiar de los trabajadores de la capital. Escribe Isabel Esparza en La Gaceta: «La vida real nos enfrenta a familias desestructuradas, a gente sola. Necesitamos mundos felices en los que perdernos. Por eso, si las tiendas se planteasen una liberalización absoluta de horarios, 24 horas siete días a la semana, siempre habrá gente dentro. El consumismo es una droga que nos libera, pero le sucede la sensación de vacío. Buscamos donde no debemos, y el resultado sólo puede ser el desencanto».
Pero nuestro Gobierno -ni, muchas veces, nosotros mismos- todo esto no lo ve. Como esto siga así, nos tendremos que ir a vivir a Islandia.
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
juanluisvazquez@planalfa.es