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Alfa & Omega,26/07/10 - Fue el Camino de Santiago hecho al revés. No podía ser de otra manera. Al comienzo del siglo XII, el primer obispo de Santiago de Compostela, Diego Gelmírez, salió de su diócesis hacia Francia e Italia. Su objetivo: promocionar en Europa la peregrinación a Santiago, dar a conocer a todo aquel que no lo supiera que allí, en el finis terrae, se encontraban los restos de Santiago, el Hijo del trueno, el evangelizador de España, el primero de los apóstoles que dio la vida por Aquel que dio la vida por todos. Nacía así uno de los fenómenos religiosos, culturales y sociales más fecundos que ha dado la Historia: el Camino de Santiago.
Hoy, la aventura del primer obispo compostelano ha sido recogida en la exposición Compostela y Europa. La historia de Diego Gelmírez, que está teniendo lugar estos días en el Vaticano, en el llamado brazo de Carlomagno de la plaza de San Pedro.
«Diego Gelmírez quería conseguir el reconocimiento de una serie de dignidades para la Iglesia en Santiago -afirma Manuel Castiñeiras, Comisario de la exposición-, pero también deseaba conocer los monumentos de la época para realizar en Santiago una gran obra: su catedral. Ello dio a Santiago un lugar en la historia del arte románico, de las peregrinaciones y de la Iglesia».
La muestra ofrece un recorrido por 40 piezas del arte románico, un paseo por la historia y el arte, que se complementa con dos audiovisuales sobre los viajes de Diego Gelmírez. Además de ello, tres reconstrucciones virtuales tridimensionales aproximan al visitante a varios monumentos que hoy se han perdido: las Torres de Oeste, la roca de la iglesia compostelana sobre la costa galiciana y la puerta norte, o la Francigena, así como el altar mayor de la catedral de Santiago.
Todo ello da una idea del Camino de Santiago como vehículo de humanidad, en el que el arte, la fe y la Historia se encuentran para dar al hombre su verdadera dimensión.
Como afirmó el arzobispo Angelo Comastri, en la presentación de la muestra: «Hoy, el hombre moderno se considera como un átomo insignificante perdido en el cosmos, que viene de la nada y va hacia la nada. No se puede vivir la vida así. En cambio, el Camino de Santiago supone recobrar el espíritu y la fe de un tiempo que contribuyó a crear una gran civilización, una gran conciencia que daba sentido a la vida, y que originaba un gusto por la vida».
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Imágen : Santiago Apóstol, en el Códice Calixtino