lfa & Omega, 04/08/07 - A muchas personas ha extrañado la propuesta de adentrarse, en pleno verano, por los vericuetos de un tema, a la postre, inesquivable. Hoy se da un cierto silencio social sobre la muerte: hemos relegado los ritos funerarios a los tanatorios, hemos llevado a nuestros moribundos a los centros especializados lejos de los hogares... Salvo excepciones, no se habla de la muerte. Y esas excepciones son, casi en su totalidad, casos límite: eutanasia, suicidio, atentados, guerras... De la muerte corriente, la de cada día de nuestros vecinos, familiares, amigos..., hablamos si nos toca de cerca. Y eso, con la sangre caliente y el sentimiento a flor de piel.
Sin embargo, no siempre fue así... En la torre de muchas iglesias de nuestras tierras, y en muchos de sus relojes, figura la siguiente inscripción: Mors certa, hora incerta ( La muerte es cierta, su hora es incierta). En las lápidas funerarias de nuestros cementerios o en los epitafios de varias tumbas antiguas se puede leer Memento mori ( Acuérdate del morir). En la literatura clásica hubo un género que en tiempos fue auténtico best seller, que tenía por tema el ars moriendi (el arte de morir)... ¿Por qué no recoger esta tradición tan nuestra y dedicar una semana de nuestro verano a pensar la muerte y el morir? ¿Por qué no hacer explícitas tantas dudas que nos rumian por dentro? ¿Por qué no tener el coraje de lanzar fuera nuestras preguntas más íntimas y atrevernos a dar una respuesta?
¿Cómo pensar la muerte?
Se inició el curso con la conferencia del Rector de la Universidad Autónoma de Madrid, el catedrático de Filosofía Ángel Gabilondo, bajo el sugerente título de Vivir el morir: la suerte del mortal. Un segundo bloque, más descriptivo que especulativo, trató de mirar al entrono y a la Historia. La profesora Juana Sánchez-Gey, de la Universidad Autónoma, no sólo trazó un panorama de los enmascaramientos a que se ve sometida la muerte, sino que se atrevió a dar las razones de por qué se ha convertido en un tabú de nuestro tiempo: la muerte del sujeto como persona, el relativismo moral, la trivialización u olvido de la verdad...
No podía faltar la voz de la experiencia. De La enfermedad, el médico y la muerte disertó la médico, del Equipo de Soporte de Atención a Domicilio, Ana María Ruiz Moreno, con amplia experiencia en el tratamiento de enfermos terminales. Para la doctora Ruiz es irrenunciable el protagonismo que en todo momento ha de tener el paciente enfermo en su condición de persona, sin olvidar el entorno familiar, a quien también se ha de prestar la debida atención.
A las preguntas de qué y por qué, se añade la de qué debemos hacer cuando la muerte se acerca. ¿Cómo humanizar el morir?, se preguntaba el religioso camilo José Carlos Bermejo, del Centro de Humanización de la salud, de Madrid. Su respuesta apuntaba a la urgencia de hacer de la muerte una experiencia biográfica y personal. Junto al aprender a despedirse, también es importante aprender de quienes se mueren, pues ellos enseñan a valorar la presencia, el acompañamiento, la palabra de aliento y la esperanza última.
La esperanza cristiana :
La profesora de la Universidad Pontificia Comillas Nuria Martínez-Gayol Fernández abordó el tema Y después de la muerte, ¿qué? Su exposición abogó por la coherencia de la propuesta cristiana que apunta hacia la vida eterna en Dios como la mejor respuesta a la pregunta sobre qué nos aguarda. La profesora concluyó su conferencia con las siguientes palabras: «Después de la muerte..., más vida; vida más plena, y además eterna», porque hemos sido creados por amor y creados para la vida, para un intercambio amoroso y vital con Dios. A la certeza absoluta de la vida eterna como don de Dios ofrecido a todos, se une la posibilidad del infierno como decisión libre del hombre.
El Decano de la Facultad de Teología de Burgos y miembro de la Comisión Teológica Internacional, don Santiago del Cura Elena, abordó, en una primera conferencia, la pregunta sobre el significado del artículo del Credo Creo en la resurrección de los muertos y en la vida eterna. Sólo desde la historicidad de la muerte y resurrección de Jesucristo, es posible la fe en la resurrección de los muertos. En cualquier caso, el muerto que resucita mantiene su identidad en la transformación, que supone su ingreso en la dimensión escatológica de la existencia: en Dios no se disuelve, sino que vivirá eternamente el yo del resucitado .
José Luis Cabria Ortega