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Alfa & Omega, 16/02/09 - La escultura románica en Aragón. Representaciones de santos, artistas y mecenas (editorial Milenio) repasa, a través de 140 páginas, la historia de las representaciones de santos en la escultura románica aragonesa, así como la identidad de los mecenas que encargaron su realización. El autor del libro, José Luis García Lloret, y el fotógrafo, Antonio García Omedes, le brindan al lector la oportunidad de descubrir esos tesoros que encierra la escultura románica en Aragón.Las representaciones de santos comenzaron a aparecer en la decoración de los templos desde finales del siglo XI, caracterizadas por la simplicidad, ya que solían resumirse en la figura erguida y aislada del santo, cuya identidad podía aparecer señalada con algún atributo, leyenda o inscripción.
Con el paso del tiempo, se fueron representando episodios de vidas de santos en la pintura y escultura monumentales. Es el caso de una serie de tallas románicas dedicadas a vidas de santos, localizadas en iglesias de Aragón, que pueden clasificarse entre las esculturas de contenido hagiográfico más antiguas e importantes de Europa.
Representan el martirio de san Lorenzo, en la iglesia de su advocación en Uncastillo (Zaragoza); el martirio de san Félix de Gerona, en la iglesia de San Felices, de la misma población aragonesa; la vida de san Gil de Provenza y el martirio de san Ginés de Arlés, en la iglesia de San Gil, en Luna (Zaragoza); la leyenda de san Silvestre Papa y el emperador Constantino, en el claustro monacal de San Pedro el Viejo, en Huesca; la efigie de san Ramón, obispo de Roda, en el sepulcro románico que contiene sus reliquias, conservado en la colegiata de San Vicente de Roda, de Isábena (Huesca); y la lapidación de san Esteban protomártir, en la cabecera románica de la catedral de San Salvador, de Zaragoza.
Estas representaciones de santos, frente a las escenas de la vida de Jesús, o las figuras del bestiario, más comunes en la representación de los templos, son las que aportan mayor número de datos sobre las inquietudes, gustos e intenciones de los mecenas que encargaron su realización. Por otra parte, el culto a los santos formaba parte de la vida cotidiana de los hombres medievales, que los consideraban sus amigos y protectores más cercanos. En la escultura románica aragonesa, sus representaciones suelen aparecer vinculadas a tradiciones locales, aunque también testimonian la circulación de determinadas corrientes filosóficas, aportando numerosos pormenores de intrahistoria.
Don Pedro Torroja y Vilabertrán
Las representaciones de vidas de santos constituyen un fiel testimonio de los acontecimientos políticos, eclesiásticos y culturales que acontecieron en el reino de Aragón durante el tercer cuarto del siglo XII. Dentro del ambiente cultural del momento, el obispo de Zaragoza don Pedro Torroja y Vilabertrán (1152-1184) se perfila como principal mecenas para la realización de dichas representaciones. La formación eclesiástica de don Pedro, sus peleas con la diócesis de Pamplona por las iglesias de Cinco Villas, su labor de tutelas durante la minoría de Alfonso XII, sus propios vínculos familiares, que favorecieron la unión con el Arzobispado de Tarragona y con los templarios, la confraternización que llevó a cabo con los canónigos de San Vicente de Roda, o los pactos de amistad entre los reyes de Castilla y Aragón, que él mismo apoyó en 1170, son hechos históricos que encuentran su reflejo en los testimonios materiales conservados.
V. Gutiérrez