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Alfa & Omega,21/03/10 - La Gran Vía atraviesa Madrid de medio a medio, una arteria palpitante de ruido, humo y confusión. Este año celebra un siglo de vida, cien años en los que cada madrileño se ha podido reconocer en su asfalto y en sus aceras, en los neones de sus tiendas y en las bocinas de los coches. Hace cien años, al realizarse las obras de la Gran Vía, se descubrió la fachada norte del oratorio de Caballero de Gracia, un recordatorio de la presencia de Dios en medio de una calle que, al mirar hacia arriba, sólo ve rascacielos.
El oratorio de Caballero de Gracia es obra de Juan de Villanueva, autor asimismo del Museo del Prado. Entre 1786 y 1794, dirigió las obras de un templo de estilo neoclásico de una sola nave, que al entrar da la impresión de tener tres, debido a las dos monumentales filas de columnas que se suceden a lo largo del templo. Villanueva consigue la luz necesaria mediante una cúpula oval sobre un tambor con cuatro óculos y vidrieras emplomadas, y una cabecera cerrada en ábside, en la que destaca la impresionante vidriera de la Última Cena, un motivo acorde con la vocación eucarística de todo el templo.
El interior del oratorio está lleno de obras de arte de gran valor artístico y religioso, una colección en la que la presencia de la Virgen destaca especialmente. No hay que olvidar que muy cerca de este lugar, en el antiguo convento de las Concepcionistas Franciscanas, se apareció la Virgen a sor Patrocinio, bajo la advocación del Olvido, Triunfo y Misericordias; en recuerdo de este suceso, el oratorio conserva una réplica de la Virgen tal como se apareció en Madrid en 1831.
Fe y cultura
En el origen del oratorio está el Caballero de Gracia, Jacobo Gratij, quien creó la Asociación Eucarística de Caballero de Gracia, con el fin de fomentar el trato asiduo con Jesús Sacramentado, con María Inmaculada y con san José, y procurar la animación cristiana del orden temporal y el ejercicio de la caridad. El Santísimo Sacramento está expuesto en la custodia a lo largo de todo el día, para la adoración de los fieles en la oración personal y comunitaria. Asimismo, se organizan también otras actividades formativas, tales como cursos de teología, retiros, charlas-coloquio, cine forum, catequesis, cursos prematrimoniales..., en lo que es una buena muestra de cómo la fe se hace cultura, desde hace siglos, y también en 2010.
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo