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Alfa & Omega,01/02/11 - Se ve también próxima la erección de los próximos Ordinariatos en Australia y Canadá. Y mientras, la Iglesia de Inglaterra ve marcharse a sus hijos, con sentimientos encontrados.
Ante las críticas de que la iniciativa del Papa es una amenaza para el diálogo ecuménico, el padre Keith Newton, cabeza, desde hace menos de dos semanas, del Ordinariato, ha respondido, en una entrevista en la británica Radio 4, de la BBC: «Creo que la gente lo describe como si fuéramos la competencia; en realidad, todos compartimos la misión de la Iglesia, y creo que sería bastante ecuménico trabajar juntos; hay algunas cosas que podríamos hacer». En el mismo sentido, el padre Federico Lombardi, Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, ha explicado, en Radio Vaticano, que el Ordinariato «no es un signo de división, sino un pequeño puente en el largo camino hacia la unidad. Anhelamos que el nuevo Ordinariato inglés y los otros que seguirán puedan nacer y crecer con este espíritu. El Beato cardenal Newman, Patrono del Ordinariato, los acompaña e inspira».
Compañía e inspiración bien necesarias para recorrer el mismo camino, que es complejo y no el simple fruto de una pataleta porque la Iglesia de Inglaterra vaya a ordenar obispas. «Mucha gente ve todo el tema de las obispas como una cuestión de igualdad; pero no es así como lo vemos en la Iglesia -explicó a la BBC monseñor Thomas McMahon, obispo católico de Brentwood-. La pregunta central que cada uno de ellos se está haciendo es: ¿Tiene cualquier Iglesia la autoridad para cambiar algo que pertenece a la tradición apostólica? Creo que eso es más el fondo de la cuestión».
Siete pastores y entre 200 y 300 fieles anglicanos se están preparando para ingresar en el Ordinariato, en el territorio de la diócesis de McMahon. Tratando con ellos, el obispo ha podido comprobar, de primera mano, que se trata de «un paso muy, muy grande, porque están dejando su puesto actual, y a parte de su gente -con el dolor que eso conlleva-, para adentrarse en un futuro bastante desconocido; así que exige una fe y una confianza enormes».
De momento, lo único que ese incierto futuro va desvelando es que las únicas fuentes de financiación del Ordinariato -para mantener a los nuevos sacerdotes y sus familias- son un fondo creado por la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales y los donativos de particulares, a la espera de que puedan ganar algún pequeño sueldo como capellanes de instituciones católicas.
Tampoco se sabe dónde se reunirán los fieles hasta que tengan sus propios edificios. Lo más probable es que lo hagan en iglesias católicas ya existentes, ante la negativa de la Iglesia de Inglaterra a compartir sus edificios con sus antiguos feligreses.
El comentarista anglicano Andrew Carey ha criticado esta actitud en Anglican Mainstream, el periódico de la Iglesia de Inglaterra: «Parece una estrategia política para disuadir a los laicos de unirse al Ordinariato, más que una decisión sobre principios ecuménicos. ¿Qué problema hay en permitir a esas congregaciones el seguir accediendo a los edificios que ellos mismos han mantenido y cuidado? La Iglesia de Inglaterra tiene demasiados edificios, y en muchas áreas apenas podemos mantener nuestra presencia». Su conclusión no parece desencaminada: «El aparente orgullo de la Iglesia de Inglaterra por su apertura, en contraste con la estrechez del catolicismo romano, empieza a aparecer como una fantasía».
Alfa y Omega