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Alfa & Omega,27/12/09 -Nieva en la abadía trapense de Dueñas, y la foto del santo Hermano Rafael que luce la fachada principal, se tiñe de blanco. Y de frío. Pero basta cruzar el umbral de sus portalones para que el corazón se caldee con la alegría de saber que Cristo nace. Aquí sí le han dado posada. Tras los muros del monasterio de la Trapa, la comunidad de monjes entona villancicos para Dios, y cena frugalmente para degustar y paladear el mayor de los manjares: la Eucaristía. La Liturgia une a estos varones de Dios con el resto de conventos y monasterios del mundo entero, en los que esta noche se vive con una intensidad festiva fuera de lo común.
El Niño que esta noche nos nace no recibe el aliento de los bueyes y las mulas, sino el calor maternal de las carmelitas de San Lorenzo de El Escorial, que caldean en sus braseros las ropas con las que cubren al Santo Bebé que exhiben en su Nacimiento.
Ni tampoco es hoy agasajado por pastores en la quietud de la noche, sino que, cerca del bullicioso aeropuerto de Barajas, las benedictinas de la Natividad se postran en un estremecedor silencio ante Cristo Eucaristía. Y, como la alegría de saberse visitado por Cristo Niño trasciende la clausura más estricta, las paredes del convento de religiosas agustinas de la Purísima Concepción, en Toledo, se empapan con el júbilo de esta Noche, levantan el ayuno, toman un vaso de leche caliente, charlan, entonan cantos navideños y alaban a Dios festivamente.
Benedictinas de la Natividad, en Madrid
Ya muy cercano Emmanuel, como cantamos en la liturgia, el día 17 de diciembre comenzamos a cantar las antífonas llamadas O, que son exclamaciones, anhelos..., que los patriarcas y profetas ponían en boca del pueblo de Israel, para llamar al Mesías. Las cantamos con toda solemnidad y con música especial, unidas al canto del Magníficat, cántico de María, en la Hora de Vísperas.
El día 24 de diciembre, a las 9 de la mañana, tiene lugar el canto de la Kalenda, anuncio solemne del Nacimiento de Jesucristo según la carne, al que asisten gran número de fieles. Al final de este anuncio, en un silencio sobrecogedor, la comunidad se postra adorando al Verbo encarnado, pidiendo por todas las necesidades del mundo, haciendo nuestras las penas y alegrías de todas la Humanidad. A continuación, tenemos la celebración de la Eucaristía del día.
La cena de esta Noche Santa, tiene algunas particularidades. Por ejemplo, se adorna el comedor con motivos navideños, y se pone de relieve la alegría fraterna, expresada en pequeños gestos, como quien tiene la necesidad de comunicar el gozo de saberse salvados. Nos sentimos pobres ante Dios, y Él se cuida de nosotras con generosidad desbordante.
Esta noche, una amistad de la comunidad tiene la delicadeza de regalarnos la cena, donde vemos la mano paternal y maternal de Dios.
A las 23 horas de la Nochebuena comenzamos el Oficio de Lecturas, como preparación inmediata a la celebración eucarística de la solemnidad. Al final, se adora al Niño Jesús, cantando villancicos. A nuestra celebración acuden, entre otros muchos, un nutrido grupo de ucranianos, que tienen el gusto de cantar un villancico en su propia lengua; es impresionante escuchar sus potentes voces, emocionados hasta las lágrimas.
Al finalizar la celebración, invitamos a tomar unos dulces a todos los participantes. Con estos hermanos ucranianos y otros muchos necesitados que se acercan al monasterio, tenemos la oportunidad de ver el rostro de Cristo humano y sufriente, tendiéndoles las manos y, sobre todo, el corazón, dentro de nuestras posibilidades.