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Alfa & Omega, 21/10/08 - Don Ángel Gutiérrez, catedrático de Filosofía, desmonta, en este artículo, el mito de la conquista violenta y hace un repaso del avance que supuso, tanto para los pueblos descubiertos como para Occidente, el encuentro con el Nuevo Mundo
Imagen de Cristo crucificado (Brasil) España fue de los pocos lugares, por no decir el único, en los que el mismo poder real favoreció y promovió el trato justo y humanizado a los indios. La nueva situación fue propicia para que comenzara a emerger un nuevo humanismo, en el que tanto tuvieron que ver Erasmo y los denominados novohispanos, sin olvidarnos de Tomás Moro, que tomó como fuente de inspiración las descripciones idílicas de estas tierras y el natural bondadoso de sus habitantes, o el mismo Rousseau, que en el Emilio hace una exaltación de los valores naturales del salvaje perfecto, que tanto han influido en los sistemas educativos de todos los tiempos.
El campo antropológico se vio fecundado, sin duda, con una savia nueva, que hizo posible la aparición de lo que podríamos llamar la antropología americana, diseñada en gran parte por la Escuela de Salamanca, y que sirvió para que, con singular acierto, se fuera precisando y matizando el concepto de persona que tanto juego iba a dar en la filosofía posterior, sobre todo a la hora de clarificar los derechos humanos. Partiendo del convencimiento de que todos compartimos la misma dignidad de la persona es como posteriormente se pudo llegar a la Declaración Universal plasmada en la Carta de las Naciones Unidas. La Escuela de Salamanca, inspirada en el humanismo cristiano, siempre estuvo al lado del indio defendiendo su dignidad personal. Todos somos hijos del mismo Padre-Dios. La condición de seres humanos era de donde habría que partir a la hora de hablar de un trato justo a los indios; ella habría de ser la base de una fecunda filosofía jurídica destinada a clarificar los derechos y deberes de unos y otros.
La Escuela de Salamanca, con Francisco de Vitoria a la cabeza, trató de dar solución a temas prácticos de palpitante actualidad que no podían esperar. Los apuntes y anotaciones de este genial filósofo dominico estaban llamados a ser los puntales de una filosofía política de alcance internacional, que le consagraría como el padre del Derecho internacional. Él fue el promotor de unos principios fundamentales garantes de los derechos naturales de los indios, situados por encima incluso de la autoridad de los reyes de España. Todo ello supone una aportación importante en el campo de la Filosofía del Derecho, como el tiempo se encargó de demostrar.
Pionero del Derecho de gentes
El siglo XVI, cuando Vitoria escribe, es el tiempo en el que se están generando en Europa importantes transformaciones y en el que España ostenta el cetro político y también intelectual. Hombres como él asumieron el reto de plasmar una nueva concepción filosófico-política capaz de hacer viable la nueva situación originada con el descubrimiento de América. El emperador, por muy emperador que fuera, no era el dueño del orbe, y ni siquiera el Papa podía ejercer su autoridad temporal o espiritual sobre todo el mundo. Estas ideas, que hoy parecerían normales y de uso corriente, no lo eran en aquel tiempo, dominado por ideas absolutistas. Hubo que esperar mucho tiempo para que fueran abriéndose paso. Al fin, la proclamación de los derechos humanos en el siglo XX y la creación de los sistemas de protección de los individuos vendría a dar la razón a este pionero del Derecho internacional.
La genialidad del sistema político ideado por Vitoria descansa en la igualdad humana: ésta fue la idea fundamental de la antropología de la escuela salmantina. Precisamente por estar fundamentado en la universalidad de la naturaleza, el Derecho de gentes inaugurado por Vitoria estaba llamado a ser la base por la que se deberían regular las relaciones entre los pueblos. Este alumbramiento de Vitoria bien podría ser uno de los más originales y fecundos de la filosofía política que pudo coexistir con la idea de cristiandad.
Ángel Gutiérrez Sanz