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Alfa & Omega, 08/10/07
Un santo actual era lo que el padre Bernabé Sanz quería para su nueva y recién estrenada parroquia, alguien «que no hiciera falta explicar quién era, ni por qué» la parroquia llevaba su nombre. Le hubiera gustado que fuera Juan Pablo II, algo imposible de momento, al no haber sido beatificado. La respuesta vino enseguida: no podía ser otra que la Beata Teresa de Calcuta, «una persona realizada que testimonia el Evangelio» en un mundo «donde el lenguaje está tan manipulado, que lo que más convencen son los hechos».
De su mano y «guiados por la fuerza del Espíritu Santo», como explicó el padre Sanz ante el cardenal el día de la bendición del nuevo templo -provisional-, empezaban la tarea de ser una nueva parroquia en un barrio nuevo, el de Valderribas, donde la gente empezó a llegar hace unos cinco años. Un barrio de parejas jóvenes, donde, poco a poco, fueron llegando las tiendas, un colegio público y, ahora, la parroquia.
La parroquia Beata Teresa de Calcuta se ha construido gracias a la verdadera caridad que sus primeros miembros han manifestado con «sus manos, su inteligencia y su oración». Don Bernabé Sanz recibió el encargo de poner en marcha la parroquia en febrero pasado, y el 15 de mayo, después de una Misa en su casa, empezaron los trabajos de reforma de un local que «el Señor tenía preparado para nosotros», pues estaba destinado a una guardería que, al final, no se pudo poner en marcha. Un grupo de amigos del párroco viven en el barrio, y, junto con otras familias jóvenes que iban conociendo en los parques, formaron un grupo de unos veinte voluntarios que han hecho de todo, desde igualar el suelo con hormigón hasta instalar paneles de pladur. Explica el padre Bernabé: «He hecho cosas que no había hecho en la vida. A la gente le ha sorprendido mucho que el trabajo fuera de voluntarios».
Pasada la fiesta de inauguración, con un pequeño templo y una salita, empieza su andadura la parroquia Beata Teresa de Calcuta, «respondiendo a las necesidades que vayan surgiendo», empezando por bautismos y comuniones, lo que más falta hace en un barrio joven. Pero, a la vez, tienen la mirada en el futuro: ya cuentan con un terreno donde esperan poder construir pronto un templo definitivo, que financiarán construyendo un garaje debajo, cuyas plazas venderán a los vecinos. En ese terreno se celebró la Eucaristía, que presidió el cardenal Rouco, y luego, los más de 600 participantes se dirigieron en procesión, en un gesto abierto a todo el barrio, en el que «también se inserta la Iglesia para hacer el camino de la vida», como explicó, en su homilía, el cardenal arzobispo de Madrid, don Antonio María Rouco.
María Martínez López