lfa & Omega, 26/06/07 - Un libro sobre sexo... ¿Con la que está cayendo?
La gente tiene una gran preocupación política, desde luego, pero lo cierto es que vive en sus casas, con su marido, con su mujer, con sus hijos..., y tiene que afrontar sus problemas diarios. La situación política no cambia el deseo del hombre de ser feliz; no cambia su deseo de construir una familia, de amar bien al hombre o a la mujer que tiene al lado.
Llama la atención la dedicatoria, que seguramente chocará a más de uno... «A Juan Pablo II y Benedicto XVI, los hombres que nos han desvelado la belleza infinita de la sexualidad...»
Yo creo que Juan Pablo II ha tenido el gran don de marcar en su pontificado el hecho de que Cristo tiene que ver con la felicidad personal, y por lo tanto con lo cotidiano. Y, en ese sentido, él ancló esta convicción suya, de que ser santo es ser feliz, en el ámbito de la familia y de la sexualidad, con un proyecto concreto, que fue el Instituto Juan Pablo II para la Familia. Allí, personajes interesantes, como los cardenales Cafarra o Scola, desarrollaron una investigación sobre la sexualidad, sobre la identidad del hombre y de la mujer y sobre su desarrollo personal. Leyendo lo que han escrito, y conociendo lo que el propio Juan Pablo II pensaba, descubrí yo otra forma de mirar a las relaciones entre hombre y mujer. Y me pareció que lo que había sido un descubrimiento hermoso para mí, también podía serlo para los demás.
Curiosamente, Benedicto XVI comenzó su pontificado con una encíclica sobre el amor en la que de nuevo no censura nada de lo carnal. Habla del eros, habla del amor sexual, y de nuevo pone de relieve este carácter del catolicismo: que la vida está pensada para dar respuesta a las preguntas del corazón. Y por esto el libro está dedicado a ellos, porque la antropología que subyace a este libro, que no es mi punto de vista, sino el punto de vista que comparto con las sexólogas y con los oyentes en el espacio cada jueves, nace de ese impulso eclesial.
Desde el programa, habéis querido dejar siempre claro que, con esta sección, pretendéis ayudar a recuperar la unidad de cuerpo y alma, algo que se separa hoy en día, haciendo tanto daño a las personas...
Claro. Cuando una mujer tiene deseos sexuales, lo que realmente desea es que la acepten tal y como es, y que la prefieran. Eso es lo que realmente desea la persona. Cuando tú censuras este deseo profundo, puedes dar satisfacción a impulsos instintivos, pero el corazón queda vacío, y la tristeza se redobla. Y esto es algo que la mentalidad dominante censura.
¿Cómo se le habla de sexo a un adulto sobreinformado?
En realidad, él plantea las preguntas. Nosotros habíamos pensado que el camino que queríamos seguir quizá no era accesible para la mayor parte de los adultos, y la sorpresa la proporcionaron ellos, al estar cinco años llamando y desnudando su corazón de una manera asombrosa, en la confianza de que quien escucha está interesado por las personas. Y participan con muchísimo entusiasmo. Luego el problema no es tanto que lo que nosotros decimos case con el discurso que la gente tenga, cuanto que hay problemas y preguntas en la sociedad.
Habéis recibido además respuestas de todo tipo de gente. Incluso de algunos que confesaban ser infieles a su mujer...
El error, cuando juzgamos a los otros, es pensar que son distintos de nosotros mismos. Las personas, lo que quieren, es ser felices, de una manera más o menos torpe. En ese sentido, la Iglesia es sabia y la Historia no añade nada nuevo. Han entrado todo tipo de personas, con problemas de segundas y terceras relaciones, con todo tipo de patologías sexuales, con problemas de adulterio... Y eso es lo interesante: que no se trata de un corralito para católicos, donde uno dice una cosa y el que lo escucha lo repite, nos felicita y nos cuenta el mismo discurso otra vez, sino que se está verificando que la propuesta que hace la Iglesia es interesante para los seres humanos, pertenezcan o no a ella. Porque Cristo es la Verdad.
¿Habéis percibido diferentes preocupaciones entre hombres y mujeres?
Bueno, no son muy diferentes. Hay programas, evidentemente, que son prácticamente masculinos, como cuando hablamos de impotencia, mientras que cuando hemos hablado de inapetencia, muchas veces predominaban las mujeres. Pero la diferencia no estriba tanto en las preocupaciones, porque cuando, en una pareja, uno tiene un problema, afecta a los dos: si uno es impotente, también ella lo padece, etc. Pero la antropología es distinta para el hombre y la mujer, y esto se ha puesto de relieve en el programa, y nos ha ayudado a los oyentes y a nosotros mismos a afrontar muchos problemas.
A. Llamas Palacios